Coserse a las aristas del mundo en puntadas imprecisas, trazando en cada paso una costura invisible sobre la que aprendan los pies a perder el equilibrio.
Volverse reversible. Romperse de dentro a fuera, convirtiendo en coraza las entrañas, el tendón en hueso.
Licuar el alma, evaporarla, hacerla sólida. Dormir sobre ella en una alquimia imposible.
Dejarse la vergüenza olvidada en cualquier rincón.
Obviar la probabilidad nula y arrancarse con ella los dientes para morder la nada con las encías desnudas.
Redimensionar el absurdo.
Aprender a gritar sin aire, respirando arena.
Beberse el latido de un segundo. Encontrar el tiempo perdido.
Y sentarse con él a esperar que vuelva la impaciencia.
Vistas de página en total
Mostrando entradas con la etiqueta Prosa lírica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prosa lírica. Mostrar todas las entradas
lunes, 20 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
Tormenta
Duerme el mundo, sumido en la tibieza de un sueño sin lunas. Feliz e ignorante.
Y en su regazo los hombres.
Los niños.
Las bestias.
Como un pez que al saltar cae fuera del agua, despiertan las nubes, boqueando ansiosas su sed de oxígeno.
Se estremecen en un segundo luminoso de agonía y luz.
Cesárea brutal y primigenia.
Vientre desgarrado, matriz que se derrama en metralla y muerte.
Sangre.
Aire.
Silencio.
Toma aire, respira.
Respira.
Se ha abierto el cielo.
Aliento
No gané el derecho a tener ojos, por eso mis manos aprendieron a ver. Y la mirada rugosa de las piedras me enseñó tu nombre. Déjame que te lo entregue atrapado en su reflejo púrpura, en el instante anónimo en que la luz lo escribe sobre la piel del mundo, haciéndote sonido, vibración, aire que danza.
Te he respirado antes, otras veces, como imagino boquean los peces al ser arrastrados fuera del agua. Aliento abrasador, narcótico, adictivo, que me entumece los labios, arroja mi lengua sobre el filo de los dientes, e inunda mi boca de un murmullo amargo que desciende luego, arrasándome la garganta hasta el centro del pecho. Dolor gemelo, vacío que resuena en cada una de tus sílabas.
Si no he de ganar el derecho a verte, te inventaré con los ecos que me devuelvan las rocas.
Publicado en Revista La Hoja
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
